Por una entrada anterior ya
sabéis que yo aprendí mis primeras nociones de surf con un vídeo, durante los
seis meses que duró el Erasmus de mi hija Júlia y con una de sus tablas. Mi
gran ilusión fue, en aquella época, ir a surfear con ella a su regreso.
Yendo a surfear con los dos
fueron mis años dorados del surf. Era feliz cómo madre y cómo surfista.
Actualmente voy sola, este paso
ha sido largo y doloroso. Muchas remontadas con lágrimas en los ojos, aturdida
por los recuerdos. Con el tiempo he aprendido a disfrutar de mi surf en
solitario, a buscar las mejores playas y olas para mi nivel. He descubierto la
paz interior que te dan las sesiones tranquilas y también he aprendido a recrearme en las
sesiones más complicadas con la adrenalina a tope. Siempre intento buscar baños
con muy poca gente en el agua, me aportan más paz.