Flama es mi tabla de surf de madera de paulownia, ecológica y hecha expresamente para mí. El shaper que ha realizado este cuidadoso trabajo es Sergi Galanó. En este blog intentaré exponer mis emociones, las sensaciones y los pequeños avances que voy realizando con mi apreciada Flama. A la vez iré explicando mis inicios en el surf y alguna que otra historia.

jueves, 16 de mayo de 2024

De nuevo nos vamos hacia el norte

De nuevo nos vamos hacia el norte, no llevamos a Nana, ya que está muy mayor. Camina muy despacio y poquito, pero sigue siendo una perra feliz.

Nuestra primera parada es en Santander, en casa de un amigo, que ya os he comentado en alguna otra ocasión. La casa está situada en uno de los acantilados de la Ría de Ajo, allí te despiertas con el susurro de las olas y hasta te salpican cuando tienen tamaño.

Hacemos un apoco de turismo por la hermosa y pulcra ciudad, visitamos el Palacio de la Magdalena en dónde se encuentra una escultura de Josep M, “El gran submarí tou”en donde curiosamente muchas novias van a hacerse la foto sentadas encima, como si fuera un símbolo de fertilidad.  Después de esta grata visita emprendemos la marcha hacía Asturias.

Realizamos una anhelada parada, que me hizo conseguir uno de mis sueños !Bañarme en la playa escondida! Una pequeña playa que no tiene mar y está oculta entre verdes prados y acantilados. Está conectada al mar Cantábrico a través de una serie de cuevas subterráneas que permiten la entrada y la salida del agua, creando una piscina natural. Era el día ideal, ya que no hacía muy buen día y el agua aún está fresquita por lo que pude gozar de un baño en solitario en ese paraje de ensueño.

Con gran alegría llegamos a Gijón. El día siguiente por la mañana se lo dedicamos al surf en una amplia y bonita playa de arenas doradas. Nos engañó una maravillosa ola que rompía al fondo a la derecha, ¡era preciosa! Pero a la hora de la verdad no se dejaba coger, la marea ya estaba muy alta y esa preciosidad perdió su fuerza. Júlia consiguió una ola que su poderoso tubo la llevó hasta casi la arena, suerte que supo dejarlo antes. La marea subía muy rápidamente y dimos por terminado el baño por miedo a quedarnos sin arena, enganchadas a las rocas. A pesar de todo disfrutamos, ya que el surf no es solo coger olas.

Cuando no viene Nana inauguro el día con una nadada en la playa de Poniente, con ella no podemos ir. Es una playa que el fondo es tan oscuro que aún no me he atrevido a atravesar esos escasos 500 metros que separan un espigón de otro, llego a la primera boya y vuelvo, y así repetidas veces, me falta esa visibilidad azul que tenemos en el Mediterráneo. 

Ese mismo día nos estrenamos en recorrer la parte costera de la ciudad en bicicleta, da una visión diferente, todo parece más cercano, es como si pudieras disfrutar de muchas más cosas en el mismo tiempo. 

Y ya al día siguiente con una grata comida familiar nos despedimos, por esta vez, de la Capital de la Costa Verde, ese verde que se adentra hasta rozar el mar.


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