La primera levantada del año, 2,5 m. del E con un ligero viento de SO de unos tres o cuatro nudos. El día anterior las olas eran de una media de 5 m. Poco inusual en nuestro Mediterráneo.
El primer día no me planteé aproximarme al mar; me conformé
con las webcams. El segundo con esos dos metros, decidí acercarme a Sitges a
una playa que queda resguardada de levante.
En el coche iba emocionada, nerviosa y, siendo sincera, con
miedo. Las olas tan grandes no me gustan, pero dentro de mí, en mi parte surfista,
es como si tuviera el compromiso de hacerlo.
Llegué a la playa esperando encontrar olas grandes, pero ordenadas;
la dirección del swell o el mar de fondo y la del viento eran buenas para esta
playa; incluso el periodo era de 12 y, normalmente, en la zona enganchada al
espigón siempre se forman olas más pequeñas adecuadas para los que no somos tan
pros, o para los que tenemos más recelo con las grandes.
Me encontré con un mar revuelto y cruzado. Olas muy grandes
rompían pasado el espigón y llegaba mucha espuma y las que se formaban en la
zona resguardada no tenían fuerza, llegaban algunas atravesadas y la mayoría
eran montañas de espuma. No había muchos surfistas en el agua. En la zona de los olones no
había nadie, ya que la corriente te arrastraba hacia la otra playa. Todos
estaban en la zona protegida.
Decidí no entrar; no vi claro el disfrutar en el agua con
estas condiciones. Me encontré con un par de tabloneros. Observando juntos el mar,
vimos que otro inconveniente era la potencia de la contraola que provocaba una caída
importante de la tabla al chocar las dos olas. Además, se formaba un remolino en
toda la zona que no nos gustó. Ellos tampoco entraron.
Volví conduciendo por las Cuestas del Garraf, una maravilla
para la vista. Es una de las carreteras en las que disfruto conduciendo, por
las curvas y por el paisaje tan privilegiado. Fui parando en algún mirador para
ir contemplando el oleaje.
Por la tarde me salió esa parte de adicción que crea el surf,
esa decepción por no haber entrado, esa
duda de que quizás hubiera cogido
alguna ola buena. Sé que en las condiciones que estaba el mar, no me divierto,
no estoy relajada; voy intentando coger olas rápidamente para surfear alguna y
salir del agua con el trabajo hecho. ¡Como si fuera una obligación el tener que
pillar una ola para estar bien! Es la parte del surf que menos me gusta, esa
que te convierte en una mala surfista, que te hace dudar.
En realidad, técnicamente no soy buena; empecé a surfear de mayor, eso hace que no tenga tanta habilidad, pero no me falta pasión. Era un día para entrar con unos cuantos años menos o un nivel más alto que el mío. En el surf, una de las cosas que se ha de aprender es saber cuándo puedes entrar y cuándo no. ¡El surf no solo es coger olas!


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